Jun 03 2009
Martes de campo
Ayer, mandé un sms a una amiga de Santander que estudia en Oviedo, deseándola suerte para el examen de final de carrera que tenía.
Me contestó, además de darme las gracias por acordarme de ella y desearla suerte, que era martes de campo ( una fiesta ovetense, que se realiza el primer martes de cada Junio en el que uno queda con los amigos/familiares para ir a un parque o al campo y pasarlo bien ), y que se iba al prado a tirarse con los amigos a beber algo de sidra y a comer bollos preseñados después del examen para celebrarlo
E inevitablemente, me acordé de los maravillosos martes de campos que viví durante los años de estudiante en Oviedo. En especial el del 2004, en el que con todos mis “nuevos” amigos de Oviedo pasé uno de los días más felices de mi etapa estudiantil. Al recordar este día, no dejo de recordar otros tantos días, en las que rodeada de buena gente, buena comida, buena bebida… me lo pasaba en grande en la calle de las sidras: Gascona.
Ahora, cada vez que vuelvo a Asturias, ya no es lo mismo. Ya no está la misma gente, ni las cosas las recuerdo de igual manera. También pasa con las sensaciones; cada vez que piso la ciudad me vienen mogollón de momentos en los que me siento extraña, como si no reconociese que hace pocos años estaba viviendo ahí y que mi otra ciudad, a la que extrañaba, era Santander. Ahora vivo en Madrid, y curiosamente, echo de menos más a Oviedo que a Santander ( excepto por mi familia ). Echo de menos esos momentos mágicos y echo de menos mi vida de estudiante. Pero todo tiene su ciclo. Ahora ando viviendo una época maravillosa en la que disfruto con mi trabajo, y en la que me siento bien, de una manera u otra, así que mejor pensar en el presente y en el futuro, y dejar el pasado para recordar solo las buenas anécdotas.









La poca luz que entra en mi piso durante todo el año es comparable a la de una cueva perdida por el monte.